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Las normativas internacionales para el tratamiento del trastorno de pánico indican que tanto lafarmacoterapia como la psicoterapia cognitivo conductual son las dos herramientas básicas más eficaces para el control de sus síntomas y que deben aplicarse en forma combinada durante un tiempo considerable. Las recomendaciones actuales también incluyen la información y educación del paciente acerca de la naturaleza del trastorno y la evolución de esta enfermedad, así como del mecanismo de formación de los síntomas físicos y psíquicos de la ansiedad, de las crisis de pánico y de la agorafobia, pautas del tratamiento, posibilidades de respuesta positiva y tiempos estimados del tratamiento. A este conjunto de información y explicaciones dirigidas al paciente y a sus familiares en un lenguaje accesible se lo llama psicoeducación (Colegio Real de Psiquiatras de Australia y Nueva Zelandia, 2003) 
Por su perfil benigno de efectos adversos, su seguridad y la ausencia de potencial adictivo, los
inhibidores selectivos de la recaptación de serotonina(ISRS) se transformaron en los fármacos de elección para el trastorno de pánico. Se administran durante un tiempo prolongado. Luego se intenta su reducción gradual aunque puede haber recaídas y entonces se extiende el tiempo de prescripción. Al comienzo del tratamiento suele asociarse a los ISRS con benzodiacepinas de alta potenciacomo el alprazolam y el clonazepán por su acción rápida y su buena tolerancia. Estas últimas son capaces de disipar las crisis de pánico en forma inmediata pero debido a su perfil de efectos adversos y por su potencial adictivo no debe prolongarse su uso en el tiempo. Especialmente peligrosa es su prescripción en adolescentes y en pacientes que abusan de sustancias. 
Las técnicas específicas de terapia cognitivo conductual para el trastorno de pánico abarcan los aspectos psicoeducativos ya mencionados, la reestructuración cognitiva (la modificación de los temores del paciente, como por ejemplo el temor a morir, volverse loco o perder el control), y la exposición a las sensaciones corporales y a las situaciones que provocan las crisis. La aplicación de estas técnicas asociadas a la farmacoterapia ha demostrado altísima eficacia en el tratamiento de pacientes afectados por TP y es esencial al momento de prevenir las recaídas, antes de retirar la medicación. Las técnicas de autoyuda y psicoeducativas también han demostraron ser métodos efectivos de tratamiento y hasta se han desarrollado sistemáticas que requieren escaso contacto con el terapeuta como un encuentro personal seguido de citas telefónicas o asistencia por computadoras para los casos en que los terapeutas no sean accesibles a la zona de residencia de los pacientes.