Uno de los rasgos distintivos del autismo es la escasa interacción social. A menudo, son los padres los primeros en advertir síntomas de autismo en sus hijos. Cuando a un bebé no le gusta que lo abracen o no mira a los ojos cuando lo miran a él, o cuando no responde a las expresiones de cariño, a las caricias o a las sonrisas, debería ser un motivo de alarma para los padres.
Muchos niños autistas no demuestran preferencia por sus padres sobre otros adultos y no pueden desarrollar una amistad con otros niños. Los niños autistas pueden no responder a su nombre (dando la impresión de que no escuchan) y suelen no sostener la mirada de las personas que los rodean. Tienen dificultades para compartir intereses. Asimismo, tienen dificultades para interpretar lo que otros están pensando o sintiendo ya que muchas veces no prestan atención a las expresiones y los gestos de otras personas.
Muchos niños autistas efectúan movimientos repetitivos como mecerse o retorcerse, o tienen conductas como morderse o golpearse la cabeza. También tienden a empezar a hablar más tarde que otros niños y puede que se refieran a ellos mismos por su nombre o en tercera persona en vez de "yo." Los niños autistas no juegan de forma interactiva con otros niños, sino que suelen establecer un juego solitario.
Muchos niños con autismo tienen una baja sensibilidad al dolor o la temperatura pero son especialmente sensibles a ciertos sonidos, a ciertas texturas, a ciertos olores, u otros estímulos sensoriales.
Es importante que si los padres detectan algunos de los síntomas enumerados a continuación, consulten con un psiquiatra infantojuvenil para que pueda evaluar al niño lo antes posible:
- El bebé no sonríe en respuesta a una cara sonriente
- El bebé no mira a los ojos
- El bebé no acompaña con ningún movimiento del cuerpo cuando se lo levanta
- El niño no responde a su nombre y resulta difícil conseguir su atención
- No señala con el dedo para pedir algo, sino que más bien lleva a las personas hasta el lugar donde está el objeto
- No encuentra placer en compartir intereses con los padres (por ejemplo, señalarles un objeto que le gusta y disfrutar del interés compartido)
- Tiene dificultades para buscar consuelo y ofrecer consuelo
- No muestra interés por otros niños y tiene dificultades para hacerse amigos
- No juega simulando imitar conductas sociales (Ej. jugar a servir el té)
- No parece atender a las normas sociales
- Habla más su propio lenguaje (a veces no entendible) que con palabras comunes (mamá, papá, etc.), o repite reiteradamente palabras o frases que escuchó
- Cuando habla (ya que estos niños generalmente adquieren el lenguaje más tardíamente que otros niños), tiene una forma de hablar inusual, como si fuera mecánica, o siempre en un mismo tono, o con volúmenes inusuales
- Tiene dificultades para iniciar o mantener una conversación con otros
- Le cuesta usar el lenguaje con fin comunicativo
- Pasa mucho tiempo mirando objetos, luces en movimiento, o sus propias manos
- Se tapa los oídos cuando hay algunos sonidos o cuando hay mucha gente
- A veces, cuando se lastima o golpea, pareciera que no siente dolor
- Efectúa movimientos repetitivos como balancearse con el cuerpo, aletear con las manos, o saltar
- Muestra interés excesivo en partes de objetos (Ej. ruedas de autitos)
- Tiene buena relación con los objetos, a veces puede pasarse horas haciéndolos girar
- Necesita que las cosas estén siempre iguales
- Se enoja si le cambian las rutinas, los recorridos, el orden de los objetos
- Cambia bruscamente de humor sin razón aparente, puede presentar berrinches sin motivo aparente
- Tiene muy buena memoria
- Tiene buena capacidad para armar rompecabezas
El trastorno de Asperger es un trastorno del neurodesarrollo. Se caracteriza por dificultades en la interacción social, un buen nivel de lenguaje, dificultades en la comunicación no verbal, un patrón de intereses restringidos y absorbentes, cierta torpeza motora, y un buen nivel cognitivo.
En INECO, realizamos una evaluación diagnóstica integral a las personas en quienes se sospeche dicho diagnóstico. La evaluación consiste en una evaluación psiquiátrica diagnóstica y una evaluación neurocognitiva.
Con respecto al abordaje terapeútico, se planifica una estrategia a la medida del paciente, dando especial importancia a su perfil único de fortalezas y debilidades.
-apoyo familiar y pautas de manejo
-programa de Pensamiento Social y/o entrenamiento en habilidades sociales
-terapia de apoyo individual
-diseño de intervenciones escolares
-seguimiento psiquiátrico en caso de requerir abordaje psicofarmacológico
Haga click aquí para acceder al artículo sobre "Consideraciones diagnósticas en relación al síndrome de Asperger" confeccionado por la Dra. Rattazzi, Jefa del Departamento Infantojuvenil
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