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Departamento de Psiquiatría infanto-juvenil
Trastorno de Ansiedad Infantojuvenil
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Todos los niños sienten ansiedad en ciertos momentos específicos de su desarrollo. Esto es esperable y normal. Por ejemplo, entre los 8 meses y los 5 años, los niños pueden manifestar angustia (ansiedad) intensa cuando se separan de sus padres o de otros seres queridos. Asimismo, pueden tener temores de corta duración, como el miedo a la oscuridad, a las tormentas, a los animales o a personas desconocidas. Sin embargo, si la ansiedad se vuelve severa y comienza a interferir con las actividades diarias del niño, tales como el separarse de los padres, asistir al colegio o hacerse amigos, es recomendable que los padres realicen una consulta con un psiquiatra infantojuvenil, ya que el tratamiento a tiempo puede prevenir dificultades futuras, tales como la pérdida de amistades, el fracaso escolar y/o los sentimientos de baja autoestima.

Existen diversos subtipos de trastornos de ansiedad en los niños y los adolescentes, tales como: el trastorno de ansiedad de separación, los trastornos de ansiedad fóbica, el trastorno de ansiedad generalizada, el trastorno de pánico, la reacción a estrés agudo, y el trastorno de estrés postraumático. Se describen brevemente a continuación cada uno de estos subtipos.

 

Trastorno de Ansiedad de Separación

El trastorno de ansiedad de separación en el niño se caracteriza por una ansiedad excesiva centrada en la separación de aquellas personas a las que el niño está vinculado (por lo general los padres, u otros miembros de la familia), lo que provoca como consecuencia, por ejemplo, desgana o rechazo persistente de ir al colegio por temor a la separación.
Las características clínicas de este cuadro incluyen:

  • Pensamientos constantes acerca de su seguridad y la de sus padres. 
  • Miedo a que les pase algo malo a sus padres.
  • Negativa a asistir al colegio.
  • Quejas frecuentes de dolores de panza y de otros malestares físicos. 
  • Preocupaciones exageradas con respecto a dormir fuera de su casa. 
  • Apego importante a sus padres.
  • Rabietas y pánico al separarse de sus padres. 
  • Problemas al dormir o pesadillas.

Trastorno de Ansiedad Fóbica

Los trastornos de ansiedad fóbica se caracterizan por una ansiedad excesiva que se manifiesta predominantemente en ciertas situaciones bien definidas o frente a determinados objetos externos que no son peligrosos en sí mismos. Como consecuencia, los niños o adolescentes los evitan o los afrontan con terror. La ansiedad no se alivia al saber que otras personas no consideran dicha situación como peligrosa o amenazante. Por lo general, el mero hecho de imaginar la situación fóbica desencadena una ansiedad que se denomina anticipatoria. Ejemplos de este tipo de trastornos son la agorafobia, la fobia social y la fobia específica.

La agorafobia es el temor a los espacios abiertos, a la presencia de multitudes, o lugares públicos, lo que lleva gradualmente a que el niño o el adolescente se aíslen socialmente. La fobia social se ve más frecuentemente en adolescentes y consiste en el miedo a ser enjuiciados o evaluados negativamente por otras personas en el seno de grupos relativamente pequeños, lo que suele llevar a la evitación de determinadas situaciones sociales. Los niños pueden tener miedo a conocer o hablar con las personas que no conocen. Generalmente esto predispone a que tengan muy pocos amigos fuera del ámbito familiar. Las fobias específicas se caracterizan por el miedo a ciertas cosas concretas, tales como perros, insectos, alturas, oscuridad, truenos, espacios cerrados, ver sangre o agujas. Estos temores le causan angustia significativa al niño o al adolescente.

Trastorno de Ansiedad Generalizada

El trastorno de ansiedad generalizada se caracteriza principalmente por una ansiedad excesiva, preocupante, generalizada y persistente, que no se limita ni predomina fuertemente en ninguna circunstancia ambiental concreta (se trata de una "angustia libre flotante"). Es frecuente en la población infantojuvenil, es más común en las mujeres, y suele asociarse con síndromes depresivos. Suele tener un curso fluctuante y crónico.
Estos niños y adolescentes suelen presentar:

  • Muchas preocupaciones persistentes acerca de las cosas en general, como por ejemplo, su funcionamiento en la escuela, con sus amigos, en los deportes.
  • Temores acerca de la posibilidad de que ellos mismos o un familiar estén enfermos, o que tengan un accidente.
  • Presentimientos frecuentes de que algo malo puede ocurrir.
  • Inseguridad, pesimismo.
  • Baja autoestima.
  • Cansancio, fatigabilidad, irritabilidad.
  • Tensión muscular.
  • Disminución de la concentración.
  • Problemas en el sueño.
  • Dolores de panza o de cabeza reiterados.
  • Comerse las uñas, arrancarse los pelos, chuparse un dedo.

Trastorno de Pánico

El trastorno de pánico, también llamado ansiedad paroxística episódica, consiste en la presencia de crisis recurrentes de ansiedad grave (pánico) imprevisibles. Los niños y adolescentes con este trastorno sufren períodos inesperados y repetidos de intenso terror, o incomodidad, acompañados de otros síntomas tales como palpitaciones (corazón que late rápidamente) y sensación de ahogo. Estos episodios se llaman "ataques de pánico" y duran generalmente algunos minutos, aunque a veces se extienden durante más tiempo. Frecuentemente el miedo y los síntomas corporales del ataque de pánico van en aumento, lo que hace que el niño o el adolescente salga o se escape de donde se encuentra. Generalmente, estos ataques producen miedo a estar solo o miedo a estar en lugares públicos. Algunos comienzan a evitar situaciones que piensen le puedan producir un ataque de pánico, o situaciones donde crean que no hay nadie que los pueda ayudar. Un ataque de pánico a menudo se sigue de un miedo persistente a tener otro ataque de pánico
Los síntomas de un ataque de pánico incluyen aparición repentina de:

  • Terror intenso (presentimiento de que algo terrible va a ocurrir). 
  • Palpitaciones o dolor de pecho.
  • Sudoración.
  • Mareo o vértigo. 
  • Sensación de ahogo.
  • Temblores o sacudidas. 
  • Sentimientos de irrealidad (despersonalización, desrealización).
  • Miedo a morir, perder el control o a volverse loco.

Reacción a Estrés Agudo

La reacción a estrés agudo se trata de un trastorno transitorio de cierta gravedad que aparece como respuesta a un estrés físico y/o psicológico excepcional y que por lo general remite en horas o días. El agente estresante puede ser una experiencia traumática devastadora, que implica una amenaza a la seguridad o a la integridad física del niño/adolescente o de un ser querido (por ejemplo, catástrofes naturales, guerras, accidentes, robos, violaciones), o un cambio brusco y amenazador del entorno (por ejemplo, pérdida de varios seres queridos, incendio de la casa). 
Los síntomas más característicos son:

  • Estado de "aturdimiento".
  • Disminución de la atención.
  • Desorientación, confusión.
  • Aislamiento o hiperactividad/agitación.
  • Depresión, ira, ansiedad, o desesperación.
  • Síntomas corporales como taquicardia, rubor, sudoración.

Trastorno de Estrés Postraumático

El trastorno de estrés postraumático se trata de un trastorno que surge como respuesta tardía o diferida a una situación traumática o evento catastrófico (por ejemplo, abuso físico, abuso sexual, violencia, accidentes, desastres naturales, etc.). Suele acompañarse de ansiedad y depresión. Los niños que experimentan situaciones traumáticas repetidamente pueden "entumecerse" emocionalmente para amortiguar o bloquear el dolor. 
Los síntomas más frecuentes presentados por estos niños/adolescentes son:

  • Episodios reiterados de revivir el trauma en forma de recuerdos intrusivos (flashbacks), o en los sueños (habitualmente aterradores). En los niños pequeños se puede ver que repiten el trauma en sus juegos.
  • Actuar o sentir como si la situación estuviera ocurriendo nuevamente.
  • Evitación de actividades evocadoras del trauma (por ejemplo, eluden las situaciones y los lugares que les recuerdan el trauma).
  • Síntomas físicos como dolores de cabeza o de panza, irritabilidad.
  • Aumento del alerta de lo que pasa alrededor e hipervigilancia.
  • Aumento de la reacción de sobresalto (por ejemplo, se asustan fácilmente ante los ruidos fuertes).
  • Problemas en el sueño y en la concentración.
  • Embotamiento emocional, retracción, indiferencia a sus sentimientos.
  • Distanciamiento de los demás.
  • Imposibilidad de disfrutar de las cosas, pérdida de interés en actividades.
  • Conductas regresivas (actuar como si fueran más pequeños).

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