¿Cuáles son las causas principales del deterioro de la
memoria?
La memoria es sensible a diversas condiciones patológicas. Entre ellas se
incluyen las enfermedades degenerativas (por ejemplo la enfermedad de
Alzheimer), los accidentes cerebrovasculares y los traumatismos de cráneo. Los
trastornos de memoria y cognitivos pueden también acompañar a la depresión, a
los trastornos de ansiedad, al déficit de atención e hiperactividad (ADHD) del
adulto, o pueden aparecer como efectos adversos de alguna medicación. También
pueden aparecer trastornos de memoria en paciente que hayan sufrido una cirugía
cardiaca o de hígado.
Si bien las dificultades de memoria pueden relacionarse con los procesos
patológicos antes mencionados, también pueden aparecer en el contexto del
envejecimiento normal. Es regular en nuestra práctica clínica escuchar personas
que se quejan de tener dificultades en recordar cosas que antes evocaban con
facilidad, de necesitar más tiempo para realizar actividades que antes les
llevaban a cabo en pocos minutos o de no poder encontrar las palabras adecuadas
cuando las buscan. En muchos casos estos cambios se dan dentro de un proceso de
envejecimiento normal mientras que en otros las dificultades son más severas y
pueden ser una señal de alarma frente al comienzo de una enfermedad
degenerativa.
¿Cómo incide el estrés en la capacidad de memorizar?
El estrés es la reacción del organismo frente a una situación en que las
demandas superan los recursos que cree poseer el individuo para enfrentarlas.
Si bien niveles moderados de estrés pueden ser estimulantes, niveles demasiado
altos o prolongados pueden tener efectos negativos para las funciones
cognitivas.
El hipocampo, una región fundamental para el correcto funcionamiento de la
memoria, es sumamente sensible a los efectos del estrés. Esta estructura
cerebral está asociada con la capacidad de lograr nuevas memoria y de adquirir
nueva información. Estudios de investigación han demostrado que períodos
prolongados de estrés pueden afectar las conexiones de esta estructura o
incluso atrofiarla por medio de una exposición excesiva a los glucocorticoides.
Así, se ha comprobado que la exposición prolongada a altos niveles de
glucocorticoides se asocia con dificultades en la memoria y con un menor
volumen del hipocampo.
En síntesis, el estrés podría afectar la capacidad de un individuo de realizar
nuevos aprendizajes.
¿Qué diferencias hay entre la memoria de corto y de largo
plazo?
El término memoria a corto plazo se usaba para referirse a un supuesto sistema
de almacenamiento en el que la información era retenida por un período breve de
tiempo. A este término se le oponía el de memoria a largo plazo en el cual la
información era retenida por una mayor cantidad de tiempo. En la actualidad, el
término memoria a corto plazo se ha reemplazado por el concepto de memoria de
trabajo o memoria operativa. Este cambio conceptual se ha realizado dado que el
término memoria a corto plazo daba la idea de un sistema de reserva pasivo
mientras que el concepto de memoria de trabajo introduce la capacidad de
manipular la información disponible en dicho almacén, por lo tanto hablaría de
un sistema dinámico.
El término de memoria a largo plazo se refiere a la capacidad de codificar,
almacenar y recuperar la información en períodos mayores de tiempo. La memoria
a largo plazo se divide en diferentes subsistemas e incluye la memoria
procedural (habilidades motoras que se aprenden y luego se realizan sin
necesidad de un pensamiento consciente como por ejemplo nadar o andar en
bicicleta), la memoria semántica (el almacenamiento de conceptos y hechos
generales como saber que Colón descubrió América) y la memoria episódica (el
recuerdo de experiencias y eventos vividos como puede ser nuestro casamiento o
primera comunión). La memoria a largo plazo se divide también en memoria
anterógrada (capacidad de adquirir nuevos conocimientos) y memoria retrógrada
(capacidad de evocar conocimientos sucedidos previamente aprendidos)
Como vemos, la memoria no es un único sistema sino que su taxonomía es mucho
más compleja de lo que se cree. Existen diferentes tipos de memoria y cada uno
de ellos se asocia a estructuras neurales específicas afectándose
diferencialmente a medida que envejecemos. Así, no es el mismo tipo de memoria
el que se utiliza para retener un número de teléfono tras mirarlo en la agenda,
que la que se utiliza para saber cómo andar en bicicleta o cómo manejar.
Tampoco es el mismo tipo de memoria el que se utiliza para dar un examen de lo
aprendido en una clase que la que se utiliza para recordar el día del
nacimiento de nuestro primer hijo.
¿Por qué las personas mayores olvidan los sucesos recientes y
guardan recuerdos bastante exactos de mucho tiempo atrás?
Como ya hemos dicho, existen diferentes tipos de memoria que se soportan por
estructuras neurales diferentes. El envejecimiento no afecta a todas las áreas
cerebrales por igual y por lo tanto no afecta a todos los tipos de memoria por
igual.
La memoria que implica la adquisición y almacenamiento de nueva información, la
memoria reciente, puede afectarse a medida que envejecemos. Mucho menos
frecuente es en cambio, que se afecte la memoria remota, es decir la capacidad
de recordar cosas que vivimos hace mucho tiempo. De esta manera es típico
escuchar a una persona de edad avanzada decir que mientras que le es difícil
recordar qué comió la noche anterior, puede recordar a la perfección sus
vacaciones cuando era niño.
De igual forma la memoria procedural, aquella memoria que precisamos para la
realización de actos motores aprendidos y automatizados, suele ser resistente
al deterioro. De igual forma no suelen perderse, en el envejecimiento normal,
aquellas memorias relacionadas con los conocimientos generales como puede ser
recordar cuál es la capital de Francia o saber que un león es un felino
(memoria semántica).
Es importante entender que si bien cierto grado de dificultad en la memoria
reciente es normal, no toda pérdida de memoria es normal y muchas veces es una
señal a ser tenida en cuenta. Los problemas de memoria empiezan a ser serios
cuando afectan la vida diaria de la persona que los sufre y cuando tienden a
ser progresivos.
Es importante tratar de distinguir los problemas de memoria que son esperables
para la edad de aquellos que no lo son. En el envejecimiento normal los olvidos
suelen abarcar detalles irrelevantes o de poca importancia pero no a la idea
principal del evento que se quiere recordar. Así, las personas mayores que no
presentan un proceso patológico pueden recordar los datos principales de una
historia o conversación pero quizás tengan mayores dificultades en recordar
cuándo la oyeron o los detalles de la misma. También es común que las personas
mayores necesiten más tiempo para recordar ciertos eventos o sucesos pero si se
les da el tiempo necesario logran recordarlos siendo conscientes de sus
dificultades de memoria.
Las señales de alarma a las que hay que estar atentos y que difieren del
envejecimiento normal incluyen olvidos que abarcan la totalidad de los eventos
o conversaciones o bien partes importantes de los mismos. En estos casos, el
paciente suele no ser conciente o bien niega o minimiza sus dificultades de
memoria, mientras que sus familiares las consideran significativas. Dichas
dificultades de memoria pueden acompañarse con episodios de desorientación
temporal o espacial.
¿Qué tipos de memoria existen ("visual, auditiva,
sensorial?")?
Además de la clasificación antes mencionada, la memoria puede ser también
clasificada según el tipo de información sensorial con la que trabaja: visual,
verbal, táctil, olfativa y gustativa.
¿Almacenar una información por distintas vías ayuda a
recuperarla mejor?
Como ya se ha dicho, la memoria es un sistema muy complejo y la información a
recordar consta de diferentes aspectos sensoriales. Cada aspecto sensorial que
se utiliza para aprender nueva información activa diferentes áreas cerebrales.
Cuántas más áreas cerebrales activemos mientras tratamos de aprender algo, más
fácilmente podremos luego recordarlo. El usar otros sentidos para mejorar la
memoria es un método muy utilizado: usar imágenes visuales de palabras, pensar
en olores relativos a las mismas, o cómo se sienten al tacto o al gusto
mejorarán la posibilidad de recuerdo.
¿Se puede evitar el deterioro de la memoria que llega con la edad? ¿Qué rol
juegan la alimentación, el estilo de vida y las características genéticas?
El interés por contestar preguntas como esta surge cuando se observa que el
envejecimiento no necesariamente está acompañado de deterioro intelectual y
que, si bien es cierto que muchas personas mayores lo sufren, muchas otras
llegan a edad muy avanzadas con sus funciones intelectuales casi intactas. Si
partimos de esta base, rápidamente comprendemos que el deterioro cognitivo no
es parte del envejecimiento normal y que como tal es necesario investigar qué
factores nos protegen frente a la aparición de dichos trastornos o bien los
retardan.
Partiendo de esta base, las investigaciones al respecto señalan que ciertos
patrones de nuestro estilo de vida pueden convertirse en un factor protector
frente a dichos trastornos. Así se sabe que el mantener una buena salud física
es fundamental para proteger nuestro cerebro del deterioro. Así la realización
periódica de ejercicios físicos y una buena dieta rica en frutas y verduras que
evite las grasas, los fritos y la sal en exceso ayudan a mantener la mente en
forma.
Además de la buena salud física, es de suma importancia mantener una buena
salud emocional. Como ya se ha mencionado, el estrés, la depresión y la
ansiedad tienen consecuencias negativas para nuestras funciones intelectuales.
Permitir relajarse y disfrutar de actividades de ocio es fundamental al igual
que buscar ayuda profesional cuando se requiera.
Otro factor de nuestro estilo de vida que puede o bien protegernos o bien
predisponernos al deterioro cognitivo es el grado de actividad y ejercitación
mental que tengamos a lo largo de nuestra vida (ver párrafos siguiente).
En relación a los factores genéticos asociados con la enfermedad de Alzheimer
es importante tener claros tres conceptos importantes: a) no hay un único gen
para la enfermedad de Alzheimer, b) los factores genéticos son responsables de
la enfermedad solo en un muy pequeño numero de familias, c) la enfermedad tiene
algún componente genético, pero los factores hereditarios no explican porque
algunos desarrollan la enfermedad mientras otros no.
¿Se puede ampliar la capacidad de memoria a partir del
entrenamiento?
Otros comentarios o referencias de estudios que se hayan hecho tanto con
personas normales como con aquellas afectadas por Alzheimer u otras patologías
que deterioran la memoria.
Diversos estudios han demostrado que la ejercitación y estimulación cognitiva
puede retrasar la aparición de los trastornos cognitivos y de las funciones
intelectuales en personas sin patología. Un estudio reciente (Ball 2002)
sugiere que con sólo 10 sesiones de entrenamiento cognitivo pueden observarse
mejorías equivalentes al deterioro típico presentado en un periodo de 7-14
años. Así, el mantener una mente activa y desafiada se convierte en un factor
protector frente al deterioro cognitivo. Es por esta razón que en INECO hemos
desarrollado el programa de entrenamiento cognitivo que describimos.
¿Cómo solicitar un turno?
Para solicitar turno puede comunicarse:
- Telefónicamente: [5411] 4807-4748
- Email: info@neurologiacognitiva.org
- Personalmente: Castex 3293. CP C1425CDC. Ciudad de Buenos Aires.
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