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Trastornos bipolares. Conceptos clínicos, neurobiológicos y terapéuticos.



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T.: [5411] 4807.4748
info@neurologiacognitiva.org

Trastornos de Memoria

¿Cuáles son las causas principales del deterioro de la memoria?
La memoria es sensible a diversas condiciones patológicas. Entre ellas se incluyen las enfermedades degenerativas (por ejemplo la enfermedad de Alzheimer), los accidentes cerebrovasculares y los traumatismos de cráneo. Los trastornos de memoria y cognitivos pueden también acompañar a la depresión, a los trastornos de ansiedad, al déficit de atención e hiperactividad (ADHD) del adulto, o pueden aparecer como efectos adversos de alguna medicación. También pueden aparecer trastornos de memoria en paciente que hayan sufrido una cirugía cardiaca o de hígado.
Si bien las dificultades de memoria pueden relacionarse con los procesos patológicos antes mencionados, también pueden aparecer en el contexto del envejecimiento normal. Es regular en nuestra práctica clínica escuchar personas que se quejan de tener dificultades en recordar cosas que antes evocaban con facilidad, de necesitar más tiempo para realizar actividades que antes les llevaban a cabo en pocos minutos o de no poder encontrar las palabras adecuadas cuando las buscan. En muchos casos estos cambios se dan dentro de un proceso de envejecimiento normal mientras que en otros las dificultades son más severas y pueden ser una señal de alarma frente al comienzo de una enfermedad degenerativa.

¿Cómo incide el estrés en la capacidad de memorizar?
El estrés es la reacción del organismo frente a una situación en que las demandas superan los recursos que cree poseer el individuo para enfrentarlas. Si bien niveles moderados de estrés pueden ser estimulantes, niveles demasiado altos o prolongados pueden tener efectos negativos para las funciones cognitivas.
El hipocampo, una región fundamental para el correcto funcionamiento de la memoria, es sumamente sensible a los efectos del estrés. Esta estructura cerebral está asociada con la capacidad de lograr nuevas memoria y de adquirir nueva información. Estudios de investigación han demostrado que períodos prolongados de estrés pueden afectar las conexiones de esta estructura o incluso atrofiarla por medio de una exposición excesiva a los glucocorticoides. Así, se ha comprobado que la exposición prolongada a altos niveles de glucocorticoides se asocia con dificultades en la memoria y con un menor volumen del hipocampo.
En síntesis, el estrés podría afectar la capacidad de un individuo de realizar nuevos aprendizajes.

¿Qué diferencias hay entre la memoria de corto y de largo plazo?
El término memoria a corto plazo se usaba para referirse a un supuesto sistema de almacenamiento en el que la información era retenida por un período breve de tiempo. A este término se le oponía el de memoria a largo plazo en el cual la información era retenida por una mayor cantidad de tiempo. En la actualidad, el término memoria a corto plazo se ha reemplazado por el concepto de memoria de trabajo o memoria operativa. Este cambio conceptual se ha realizado dado que el término memoria a corto plazo daba la idea de un sistema de reserva pasivo mientras que el concepto de memoria de trabajo introduce la capacidad de manipular la información disponible en dicho almacén, por lo tanto hablaría de un sistema dinámico.
El término de memoria a largo plazo se refiere a la capacidad de codificar, almacenar y recuperar la información en períodos mayores de tiempo. La memoria a largo plazo se divide en diferentes subsistemas e incluye la memoria procedural (habilidades motoras que se aprenden y luego se realizan sin necesidad de un pensamiento consciente como por ejemplo nadar o andar en bicicleta), la memoria semántica (el almacenamiento de conceptos y hechos generales como saber que Colón descubrió América) y la memoria episódica (el recuerdo de experiencias y eventos vividos como puede ser nuestro casamiento o primera comunión). La memoria a largo plazo se divide también en memoria anterógrada (capacidad de adquirir nuevos conocimientos) y memoria retrógrada (capacidad de evocar conocimientos sucedidos previamente aprendidos)
Como vemos, la memoria no es un único sistema sino que su taxonomía es mucho más compleja de lo que se cree. Existen diferentes tipos de memoria y cada uno de ellos se asocia a estructuras neurales específicas afectándose diferencialmente a medida que envejecemos. Así, no es el mismo tipo de memoria el que se utiliza para retener un número de teléfono tras mirarlo en la agenda, que la que se utiliza para saber cómo andar en bicicleta o cómo manejar. Tampoco es el mismo tipo de memoria el que se utiliza para dar un examen de lo aprendido en una clase que la que se utiliza para recordar el día del nacimiento de nuestro primer hijo.

¿Por qué las personas mayores olvidan los sucesos recientes y guardan recuerdos bastante exactos de mucho tiempo atrás?
Como ya hemos dicho, existen diferentes tipos de memoria que se soportan por estructuras neurales diferentes. El envejecimiento no afecta a todas las áreas cerebrales por igual y por lo tanto no afecta a todos los tipos de memoria por igual.
La memoria que implica la adquisición y almacenamiento de nueva información, la memoria reciente, puede afectarse a medida que envejecemos. Mucho menos frecuente es en cambio, que se afecte la memoria remota, es decir la capacidad de recordar cosas que vivimos hace mucho tiempo. De esta manera es típico escuchar a una persona de edad avanzada decir que mientras que le es difícil recordar qué comió la noche anterior, puede recordar a la perfección sus vacaciones cuando era niño.

De igual forma la memoria procedural, aquella memoria que precisamos para la realización de actos motores aprendidos y automatizados, suele ser resistente al deterioro. De igual forma no suelen perderse, en el envejecimiento normal, aquellas memorias relacionadas con los conocimientos generales como puede ser recordar cuál es la capital de Francia o saber que un león es un felino (memoria semántica).
Es importante entender que si bien cierto grado de dificultad en la memoria reciente es normal, no toda pérdida de memoria es normal y muchas veces es una señal a ser tenida en cuenta. Los problemas de memoria empiezan a ser serios cuando afectan la vida diaria de la persona que los sufre y cuando tienden a ser progresivos.
Es importante tratar de distinguir los problemas de memoria que son esperables para la edad de aquellos que no lo son. En el envejecimiento normal los olvidos suelen abarcar detalles irrelevantes o de poca importancia pero no a la idea principal del evento que se quiere recordar. Así, las personas mayores que no presentan un proceso patológico pueden recordar los datos principales de una historia o conversación pero quizás tengan mayores dificultades en recordar cuándo la oyeron o los detalles de la misma. También es común que las personas mayores necesiten más tiempo para recordar ciertos eventos o sucesos pero si se les da el tiempo necesario logran recordarlos siendo conscientes de sus dificultades de memoria.
Las señales de alarma a las que hay que estar atentos y que difieren del envejecimiento normal incluyen olvidos que abarcan la totalidad de los eventos o conversaciones o bien partes importantes de los mismos. En estos casos, el paciente suele no ser conciente o bien niega o minimiza sus dificultades de memoria, mientras que sus familiares las consideran significativas. Dichas dificultades de memoria pueden acompañarse con episodios de desorientación temporal o espacial.

¿Qué tipos de memoria existen ("visual, auditiva, sensorial?")?
Además de la clasificación antes mencionada, la memoria puede ser también clasificada según el tipo de información sensorial con la que trabaja: visual, verbal, táctil, olfativa y gustativa.

¿Almacenar una información por distintas vías ayuda a recuperarla mejor?
Como ya se ha dicho, la memoria es un sistema muy complejo y la información a recordar consta de diferentes aspectos sensoriales. Cada aspecto sensorial que se utiliza para aprender nueva información activa diferentes áreas cerebrales. Cuántas más áreas cerebrales activemos mientras tratamos de aprender algo, más fácilmente podremos luego recordarlo. El usar otros sentidos para mejorar la memoria es un método muy utilizado: usar imágenes visuales de palabras, pensar en olores relativos a las mismas, o cómo se sienten al tacto o al gusto mejorarán la posibilidad de recuerdo.

¿Se puede evitar el deterioro de la memoria que llega con la edad? ¿Qué rol juegan la alimentación, el estilo de vida y las características genéticas?
El interés por contestar preguntas como esta surge cuando se observa que el envejecimiento no necesariamente está acompañado de deterioro intelectual y que, si bien es cierto que muchas personas mayores lo sufren, muchas otras llegan a edad muy avanzadas con sus funciones intelectuales casi intactas. Si partimos de esta base, rápidamente comprendemos que el deterioro cognitivo no es parte del envejecimiento normal y que como tal es necesario investigar qué factores nos protegen frente a la aparición de dichos trastornos o bien los retardan.
Partiendo de esta base, las investigaciones al respecto señalan que ciertos patrones de nuestro estilo de vida pueden convertirse en un factor protector frente a dichos trastornos. Así se sabe que el mantener una buena salud física es fundamental para proteger nuestro cerebro del deterioro. Así la realización periódica de ejercicios físicos y una buena dieta rica en frutas y verduras que evite las grasas, los fritos y la sal en exceso ayudan a mantener la mente en forma.
Además de la buena salud física, es de suma importancia mantener una buena salud emocional. Como ya se ha mencionado, el estrés, la depresión y la ansiedad tienen consecuencias negativas para nuestras funciones intelectuales. Permitir relajarse y disfrutar de actividades de ocio es fundamental al igual que buscar ayuda profesional cuando se requiera.
Otro factor de nuestro estilo de vida que puede o bien protegernos o bien predisponernos al deterioro cognitivo es el grado de actividad y ejercitación mental que tengamos a lo largo de nuestra vida (ver párrafos siguiente).
En relación a los factores genéticos asociados con la enfermedad de Alzheimer es importante tener claros tres conceptos importantes: a) no hay un único gen para la enfermedad de Alzheimer, b) los factores genéticos son responsables de la enfermedad solo en un muy pequeño numero de familias, c) la enfermedad tiene algún componente genético, pero los factores hereditarios no explican porque algunos desarrollan la enfermedad mientras otros no.

¿Se puede ampliar la capacidad de memoria a partir del entrenamiento?
Otros comentarios o referencias de estudios que se hayan hecho tanto con personas normales como con aquellas afectadas por Alzheimer u otras patologías que deterioran la memoria.
Diversos estudios han demostrado que la ejercitación y estimulación cognitiva puede retrasar la aparición de los trastornos cognitivos y de las funciones intelectuales en personas sin patología. Un estudio reciente (Ball 2002) sugiere que con sólo 10 sesiones de entrenamiento cognitivo pueden observarse mejorías equivalentes al deterioro típico presentado en un periodo de 7-14 años. Así, el mantener una mente activa y desafiada se convierte en un factor protector frente al deterioro cognitivo. Es por esta razón que en INECO hemos desarrollado el programa de entrenamiento cognitivo que describimos.


¿Cómo solicitar un turno?
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